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EDITORIAL

A sus Reales y Mágicas Majestades, Los Reyes Magos de Oriente

Queridos Reyes Magos, soy El Puerto de Santa María, aunque todos me conocen como “El Puerto”, quizás vosotros también. Este año, he decidido escribiros esta carta; y no porque no me conforme de como soy, sino porque sé que quienes me habitan, mis vecinos, no son del todo felices con lo que les ofrezco, por eso quisiera pediros algunas cosas, aunque se que tenéis que atender a mucha gente.

Soy una ciudad antigua, muy antigua, Alfonso X El Sabio me incorporó al reino de Castilla, aunque pase muchos siglos de mi vida como ciudad ducal ¡Incluso tuve que ver con el descubrimiento de América! “La carabela Santa María” se llamó así por mí; fui invernadero de las Galeras Reales, y frente a mi río estuvo la Capitanía de la Mar Océana, el comercio con el nuevo continente me lleno de riqueza, y me llamaban la ciudad de los 100 palacios. De mi sierra salieron las piedras con las que se construyeron entre otras, la catedral de Sevilla, y con su extracción se conformaron unas cavernas únicas que serian la envidia de cualquiera. Me conocían en toda España y todos querían veranear en mi, mis urbanizaciones eran famosas y mis noches mágicas, con calles a rebosar de gentes y los mejores locales. Mis gentes vivían principalmente de la mar y del vino, hileras y más hileras de barcos en mi muelle pesquero y un olor incomparable a Fino y Brandy  inundaban todas las esquinas de mis calles.  Ciudad de historia y turismo me decían...pero eso fue ayer, hoy ya todo cambió..

Mi corazón es mi casco antiguo, “El Centro” como lo llaman mis vecinos, lleno de casas solariegas, auténticos palacios, de suntuosos conventos y templos, de calles y plazas llenas de encanto...Ayer rebosaba vida, pero hoy es historia, historia antigua. Pocos son los que tienen la valentía de seguir viviendo en él, aún menos quienes mantienen algún negocio. Es por eso que quisiera pediros un poco de luz para esas tardes sombrías que hacen que sus vacías calles vuelvan a resplandecer, que eso anime a mi gente a volver a vivir en él, a los negocios a volver a abrir, y que podamos alegrarnos al pasear cualquier fin de semana por unas calles abarrotadas ¡Ah! Y se me olvidaba pediros por mis vecinos más antiguos, esos palacios, monumentos que taaantos años llevan conmigo, que vuelvan a hacer que la gente me visite solamente por verlos a ellos, las casas palacio, los conventos y monasterios, mis plazas...¡Quiero volver a ser la envidia de la Bahía, que mis ciudades vecinas me miren poniéndome de ejemplo!

Recuerdo cuando los abuelos de los jóvenes de hoy día, se dedicaban a los oficios del vino y la pesca, a la industria que generaba y el trabajo del que podían gozar, ahora todo es mucho más difícil. Por eso, queridas mágicas majestades, quiero ser un poco más egoísta de lo que ya he sido pidiendo en esta carta, os pido que hagáis uno de vuestros mágicos milagros y traigáis aquí a grandes fábricas para que hagan cosas, que estas atraigan a otras más pequeñas y así se pueda retomar la industria que daba trabajo a tantos de mis vecinos, para que mi gente tenga trabajo y futuro.

No os olvidéis de muchas cosas, pues os prometo que todo lo que os pido es necesario, que mi gente es muy buena, que ayudan a los que más lo necesitan, incluso se agrupan en asociaciones para organizarse en este papel. Y os doy las gracias de antemano por, al menos, haber leído esto que os quería pedir.

Fdo: El Puerto de Santa María

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